martes, 15 de julio de 2008

Soy débil, demasiado devil.

"Dicen que, si eres ex-alcohólico, lo mejor es trabajar al lado de una licorería. Porque lo facil es resistirse cuando duele, cuando el lado oscuro de la fuerza es poderoso. Cuando toda la sangre del cuerpo te baila y se te agolpa del lado del escaparate cada vez que entras o sales del portal y hay veces que lo darías todo -tu matrimonio, tu trabajo, ¡tu gato!- por una última trompa, bien sucia, de las que te despiertan en la celda con un tatuaje en el tobillo que pone "las mariposas tienen garras" o un haiku sobre las cerezas o una excalibur con estrellitas.

Dicen que, durante esos meses en los que crees que estas peor, lo que te mantiene a flote es la lucha y el triunfo de la voluntad contra la tiranía del hábito, porque cada día que pasa eres un héroe. También dicen que no hay que subestimar el poder de la vanidad.

Después pueden pasar dos cosas. La primera es que, superado el mono, comiences a añorar la enfermedad. Como cuando vuelves a fumar porque no sabes reconocerte a ti mismo sin un cigarrillo en la mano y aceptar que todo es un poco más mediocre, un poco más soso, un poco más como alguien que no eres tú y que ni siquiera se te parece. Esa extrañeza no desaparece nunca y seguramente te pase como a la anorexica, que tiene que aprender a vivir con su imagen distorsionada porque ha perdido la capacidad de verse tal como es.

La otra es que descubras que llevabas meses bebiendo garrafa y estabas demasiado borracho para darte cuenta".

Marta Peirano.


Bola extra: Aun no tiene nombre y ya me hace recurrir a mi poca inteligencia. Alumbra por turnos a quien la desea. Cuando llora me enreda entre sus piernas mientras espera que le cuente mil cuentos que a nadie más interesan.

No hay comentarios: