
La imagen del columpio recoge tanto por su relación con el entrono de infancia como por el tipo de movimiento que en él se realiza, el concepto del juego tal y como lo definía Gadamer, como movimiento de vaivén, sin mayor objetivo que de su propia perpetuación en su ir y venir, sin tener una meta definida en ninguno de sus extremos.
Como la vida.
Bola extra:
Anoche se hizo oscuro muy pronto. No esperaba que la vida le tuviera tanta manía a los torpes. Tengo el tintero lleno de tu saliva y no se marcan las palabras.
Volvería a caer.

Si tu no hubieras...
Si no tuviera aquí tu huella... no podría decir que en mi cama hay un trasto que duerme amortiguado entre la almohada y mi brazo. Que da mil volteretas antes de caer rendido entre mis piernas. Que respira muy fuerte cuando quiere que le haga caso. Y se lo hago.
Si yo no hubiera...
Si no tuviera tu huella... no podría decir que en mis mejillas hoy hay un charco de todo lo que me sale de quererte tanto. Que doy mil volteretas, me acurruco y tu me aprietas. Me agarras a ti tan fuerte que me notas los latidos y me hablas bajito para que me duerma.
2 comentarios:
ojala la vida no tuviera esas metas absurdas que nos marcamos y que son nuestros indicadores de la felicidad...Me gustó el post y la bola extra
Abrazotes
¡Grande Mirna! ¡Aunque escribo poco te leo puntualmente, abrazos!
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