
Estimada Marla,
Soy tan dévil que espero que seas feliz pero no tanto como lo éramos aquí. Como lo éramos allí.
Cada noche fleto aviones de papel que puedan colarse por tu ventana. Y cada vez que veo una abierta me cuelo por ella y al no encontrarte pregunto a desconocidos por ver si ellos supieran algo de tus pecados.
Resucítame de nuevo, átame a tu cabecero y clávame tu amor en el costado. Que yo no tengo memoria, que yo tengo una corona de espinas y los clavos de mi cruz son los restos secos de tu saliva.
Quiero volver a sentir el cuerpo derrotado tras mañanas eternas entregada a tus manos; sentir las neuronas desbordadas de tanto reinventarnos.
Conservo tu sabor entre mis dedos y los pulmones, de chocolate encharcados. Ahora siempre duermo con enemigos pero en las pupilas continúan grabados el brillo de tus gemidos ahogados...
... el resto, en tu bandeja de entrada.



